TRIATHLON VITORIA SINTIENDO DE NUEVO

Este pasado domingo encadené Vitoria. No es que me esté volviendo loca, no he vuelto a colgarme de una pared y no es ninguna vía. Sino mucho más, por fin volví a sentir eso que hacía años que no sentía.

Para mí el triatlón fue una escapatoria a la escalada. Después de un accidente mientras probaba un proyecto no fui capaz de volver a ponerme unos pies de gato, tenía pánico a imaginar que pudiera pasarme otra vez, miedo a volver a caer, un miedo que acallé tirándome a la piscina, subiéndome a una bicicleta y echando a correr.

Nunca había comparado el triatlón con la escalada y es que lo que me hacían sentir no tenía nada que ver, nada hasta este domingo.

Ya hace años que no escalo y aun recuerdo cada una de las vías que he probado, cada uno de los proyectos que he encadenado y recuerdo esa sensación. Es una sensación única y mágica. La sensación de llegar a esa reunión que tanto esfuerzo te ha costado, tantas visitas, tantos intentos.  Y es algo que logras tú sólo. Alrededor no hay nadie que te aplauda, que te anime, ni que te espere con una medalla. Simplemente estás tú sólo frente a un mosquetón, a metros del suelo, sintiendo tus músculos vacíos, dolor en los dedos, y tu corazón a mil viendo cómo has conseguido eso que tanto te ha costado.

Después de 4:41 horas cruzaba la meta del Triathlón de Vitoria. Y fue entonces cuando volví a asentirlo. No me importaba que no hubiera nadie esperándome en meta, ni la posición en la que había quedado. Lo único que me importaba es lo que estaba sintiendo y lo que había vivido.

Desde el momento en que sonó la bocina y una estampida de 1300 triatletas se lanzarón tras de mí para empezar la prueba me di cuenta que aunque estuviera rodeada de gente yo quería disfrutar y vivir mi carrera. Para mi el tramo de agua fue pura supervivencia, recordaba las placas técnicas de Montserrat en las que me costaba sudor y lágrimas subir por ellas.

Luego en el sector de bici, me empecé a sentir más cómoda, me recordó a una vía de Rodellar, la de egocentrismo, vía con desplome y llena de buenas presas en la que disfrutabas de cada uno de los pasos que dabas mientras veías cómo poco a poco tus antebrazos se iban hinchando. Y es que el ácido láctico que uno siente mientras escala me recuerda mucho al que siento en las piernas mientras voy en bici.

Y por fin mi sector favorito, la carrera a pie, (mi Calders). La de días que he pasado en ese antiguo vertedero probando proyectos, proyectos como la increíble Radicals Lliures que tantos pegues me costó, cómo dolían los dedos al apretar sus regletas y cómo conseguía ponerme a mil el corazón cuando probaba su lance.

Llegar a la reunión de Radicals fue cómo llegar a meta este domingo a Vitoria. En ese momento aunque puedas estar rodeado de miles de personas tu te sientes sólo, ya que tú has conseguido eso por lo que tanto has luchado y tanto sufrimiento ha costado. Por todos los madrugones, por todos los dolores en las manos, en las piernas, por todos esos días de entrenamientos en solitario…

Puedo decir que la escala y el triatlón tienen mucho más en común de lo que me pensaba y es lo que te hacen sentir y vivir.

 

 

 

 

 

 

2016-11-28T11:42:14+00:00